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Una brújula moral sola te indica la dirección correcta, no te obliga a tomarla. Nuestra cultura predica que ya no tienes que avergonzarte de lo que hagas. Por desgracia esta ciudad se basa en el principio de que algo llamado culpa no existe: «Haz lo que quieras, no lo contaremos». Y sin conciencia nada hay que te impida matar a alguien. Y evidentemente, ni si quiera debes sentirte mal.
Y allí estuve el viernes, en el primer gran concierto de mi vida. Ningún grupo me había atraído como para ir a ver su música en directo y lo más que había estado de eso son algunas verbenas de fiestas de pueblos o de pasada en algún concierto en Astea Nagusia en Bilbo. Yo, que sólo me levanto del asiento y empiezo a saltar cuando marca un gol el Athletic, boté como el que más desde los primeros acordes de Message in a bottle que abrió el concierto y no paré haciéndose cortísimas las dos horas escasas que duró. No entiendo mucho de conciertos, pero yo me lo pasé como un enano.
Una experiencia inolvidable.
No es lo mismo que gane Grecia el europeo o que lo gane la selección española. No, aunque mis sentimientos no van con los colores rojigualdos, el impacto que tiene en el día a día que la nacionalidad que marca mi DNI gane la Eurocopa es evidente: prensa, radio, TV e Internet, todos volcados. La gente te pregunta e incluso te felicita de por que «tu selección» salío vencedora, a algunos les replicas a otros pues no. Pero por más que se empeñen no conseguirán que un gol de la «Roja» me levante del asiento, por muy bicho raro que eso les parezca o por muchas veces que me digan que soy español.
Lo más triste de todo para mí es que en este caso mi selección salió perdedora, pero por partida doble: primero Alemania, por ser el combinado que apoyo desde aquel mundial de Italia 90 que ganó, y segundo y más triste de todas, por la selección que llevo en el corazón y no en la cartera no puede participar, la selección de Euskal Herria.
Si todo es imperfecto en este mundo, el amor es lo más perfecto de todo, precisamente por su perfecta imperfección.
Si de algún equipo inglés soy seguidor es del Manchester United. El porqué de esto es bastante sencillo y fue una cuestión de azar. Cuando era pequeño, unos 8-10 años creo, mis padres hicieron un viaje a Inglaterra del que nos trajeron dos camisetas, una era la del Liverpool y la otra del Manchester. La primera se la quedó mi hermano y la otra yo, sin ninguna razón especial, y desde entonces mi equipo de las islas son los diablos rojos. Ahora bien, al Liverpool también le tengo especial cariño.
El caso es que el equipo de la ciudad que vio nacer a los Beatles está haciendo unos excelentes campeonatos de Champions lo últimos años. De hecho la ganó de forma épica hace 3 años al Milan y el año pasado fue finalista contra el mismo equipo rossonero, esta vez con resultado desigual. Ahora que Antena 3 tiene el derecho de emitir un partido de Liga de
Campeones y la proliferación de jugadores españoles, especialmente en el caso del Liverpool, la atención y gloria que se le dedica empieza a dar literalmente asco.
Tanto hablar de lo mítico del equipo, de un estadio donde se respira el fútbol en su más pura esencia, la liturgia de la previa con el canto del «You'll never walk alone» hace que al menos yo le empiece a coger manía. La culpa no lo es tanto de los reds en sí, como de los periodistas y comentaristas que no hacen más hablar de ello. Recuerdo que con el Manchester United pasó algo parecido hace unos años con Beckham, tanto hablar que si el «Teatro de los Sueños» por aquí y por allá.
Sin querer hacer demasiadas comparaciones suele pasar algo parecido con Athletic, cuando se les llena la boca hablando de «La Catedral», la garra, etc... que al principio halaga pero luego acaba siendo pura retórica banal y peloteo. Y es que lo que todos sabemos no hace falta repetirlo hasta la saciedad.
Esta noche en la semifinal que enfrenta el Liverpool al Chelsea voy con ellos pero si no fuera por lo que he dicho del reparto de equipos que tuve con mi hermano y que lo tengo grabado para toda la vida y que no tengo especial simpatía al Chelsea (más por su presidente que por otra cosa) seguramente preferiría que perdiese.




